Orden, puntuación y espacio

Dicen que fue en el siglo III a. C. en Alejandría. Antes de eso, las pocas personas que lo hacían contaban con la ventaja de no detenerse nunca. Escribir sin puntuación, pero también sin espacios. Así, hasta que un día dijeron no más.

II

Durante gran tiempo creí que la historia de la escritura se reducía a la manera en la que fueron evolucionando los lenguajes. Una especie de catálogo de soluciones a la dificultad de traducir un concepto a una serie de líneas. No había considerado que nosotros también usamos ideogramas (como el 0 para hablar de la palabra 'cero') y representaciones silábicas (como "x" para resumir un "por", aunque también para mencionar a la multiplicación); solo entendía que usábamos una letra por sonido y esto tampoco es tan así.

Sin embargo, lo sorprendente es que, de alguna manera, mis profesoras de la primaria tuvieran algo de razón: «Hay que poner comas porque, si no, el lector se ahoga». Nadie estaría tan absorto en la lectura como para olvidarse respirar. Pero los signos de puntuación sirvieron, en su momento, para ayudar al orador: de pronto era más sencillo saber cuándo enfatizar un enunciado. Saber, al menos, cuándo iniciaba y cuándo terminaba. Después, claro, está el problema de aprenderlo de memoria, pero eso es otra cosa.

III

O no. Porque la escritura siempre estuvo ligada a la memoria y la lectura vinculada a eso que se quiso resguardar del olvido. Pero entonces hablamos de otra memoria: del recuerdo de los días pasados y de los hombres que vivieron en ellos. También de cierta relación con la muerte.

Resulta increíble saber que el hombre de Neandertal configuró ciertas costumbres funerarias que no se alejan mucho de las nuestras. La inviolabilidad, la durabilidad y el recuerdo de los depósitos funerarios, así como la idea de mantener cierta relación con el muerto siguen aquí vigentes: la película Coco es un gran ejemplo al respecto.

IV

Hay muchas inscripciones sepulcrales con los más diversos diseños. Algunas escritas alternando el orden en cada línea (bustrafedón), otras algo más complejas. Se dice que fue Pisístrato quien ordenó una configuración en la escritura de las estelas funerarias. Antes y después de él, la escritura no tenía un sentido único y su lectura demandaba un arduo labor. Antes y después de él digo, porque la difusión de las normas de disposición gráficas era algo difícil de realizar. Pero también porque no siempre se cumplían.

Tenemos orden, tenemos puntuación, pero no espacio. Es que este bendito espacio entre una palabra y otra también fue una invención tardía. No surgió con la escritura. Sí, elespacioentrepalabrasespoterioralaescritura.

V

No quiero imaginarme a mis maestras leyendo algunos manuscritos medievales. Caerían ahogadas al suelo. O no, porque como ya dije, nadie estaría tan absorto en la lectura como para olvidarse de respirar. Menos que menos en esa trabajosa lectura: sin puntos y sin espacios.

Ninguna historia es lineal. Los signos de puntuación se dejan de usar o empiezan a tener un sentido distinto al original. Por ejemplo, la Edad Media prescinde de los espacios por cuestiones de armonía; pero también define el uso del Calderón (¶) para la separación de los párrafos. Ese solo símbolo varió muchísimo desde su primera aparición como una simple raya horizontal.

VI

Es muy difícil ordenar nuestros pensamientos y ponerlos por escrito. Imagino que la dificultad era mayor en los tiempos en los que solo se podía escribir sobre piedras o en arcilla y con herramientas más pesadas que un simple bolígrafo. Pero esa dificultad no solo se debe a los instrumentos, sino a problemas intrínsecos de la escritura: ¿cómo se escribe tal palabra?, ¿cuándo debo poner una coma?, ¿todo junto se escribe separado y separado se escribe todo junto?, ¿por qué nadie usa el punto y coma?, ¿qué hago si ya me quedé sin preguntas? Escribir es eso también: tratar de encontrarle una respuesta a las cosas que te inquietan: como la muerte o el olvido o la memoria.

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