Cuando mi papá era jóven podía caminar muchas cuadras. Recuerdo que cuando yo tenía unos ocho años los sábados salíamos a caminar. Mi mamá y mis hermanas se iban a la feria y nosotros a callejear.

En esas caminatas él me enseñó a perderme, a conocer el barrio, el nombre de las calles, a charlar, a pensar, a guardar secretos y a volver a casa.

Extraño esas caminatas con él; pero todavía puedo compartir las charlas, los secretos y la casa.

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