Chau, Ray

Esta publicación es distinta a todas las otras, desde ayer estoy muerto. Mejor dicho, esta redacción es irreal, Bradbury jamás la verá.

Gordo lindo, de anteojos gruesos, escritor de ciencia ficción. De alguna manera delineó mi destino. Recuerdo que la primera novela que realmente me gustó -yo siempre fui lector de cuentos- fue Farenheit 451. Es cierto, la leí por obligación para la escuela. Eso no impidió que la disfrutase.

Ray Bradbury

Entonces tenía quince años y ese libro, de alguna manera, me abrió la cabeza. Lo leí en una tarde y lo volví a ler varias veces. Incluso ahora, cada tanto vuelvo sobre sus letras —de alguna forma me acerca mucho a ese pibe idealista que alguna vez fui. Algo más, fue lectura compartida y comentada. No creo que el lector lo recuerde, pero fuera de catecismo, la primera persona con la que comencé a hablar de libros fue aquella chica de la que no me enamoré. Ayer me enteré de la muerte de Ray y me acordé no sólo de ella sino también de la frase dura e implacable de Applegate:

Applegate: Como dice el capitán, una vez que una cosa acaba es como si no hubiese existido.

en Ray Bradbury "Calidoscopio" en Columna de fuego.

Hoy las palabras me salen de forma atolondrada, como siempre. Pero cuando uno le quiere rendir homenaje a un escritor que fue importante en su vida, lo nota mucho más. Hoy leí varias notas necrológicas, pero una me hizo recordar que mi primer cuento -ese del que uno se siente orgulloso por primera vez- lo escribí a partir de una frase de Ray. Era, sin embargo, un cuento que en nada se parece a los de él.

Unos años después, se lo mostré a un viejo escritor ese que escribió "el lunfardo es un código entre dos para que no entienda un tercero" o "cada palabra arrastra su propia memoria". Él pensó que ese cuento lo había escrito una chica y a mí me pareció que ese era el mejor halago que me podían hacer. La historia vivía y mi voz no estaba impresa en el papel.

Hoy leo el relato y lo veo como lo que era: un wannabe de relato. Quizás como esta entrada.

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"Voy a matarlos"
Entró precipitadamente al baño, había tenido un mal día y lo único que quería era vomitar y sacarse todo lo malo que llevaba adentro. Ahora ya se sentía mejor, al menos no sentía arcadas; se cepillo los dientes, y tomó un vaso de leche. Escencial para bajar la acidez, se decía.

Observó el cielo y cómo éste parecía unirse a sus sentidos, largándose a llorar. Sonrió, por ese instante feliz. Sin embargo, no podía sacarse de la cabeza a los idiotas que morbosamente la atormentaban hasta provocar su llanto. Los odiaba, pero nada podía hacer contra ellos.

"Voy a matarlos", pensó y por ese ínfimo momento sus ojos parecieron brillar.

—Sí, voy a matarlos. Ja, ¿quién ríe ahora?

No parecía ser la misma chica tímida que todo el mundo conocía. En privado era otra, no existían los complejos y, generalmente, se la escuchaba cantar.

Tenía una idea fija y nadie podría evitar que hiciera lo quería.

Pensó en sus padres y en sus perros, que eran lo único que tenía, lloró por ellos, se maldijo por los otros y reía por su gran idea. Se dirigío al baño, rompió el espejo de un golpe, no necesitaba testigos. Vio de sus manos desprenderse gotas de dolor y melancolía, de vida, de odio; sí, eso era lo que recorría por su cuerpo el amor en su estado negativo, espesandole la sangre y sometiéndola a la agonía.

Ya nada importaba, tomó un pedazo del espejo destrozado y lo deslizo verticalmente por su brazo izquierdo, "el hemisferio del corazón" solía decir. "Los maté", susurró mientras caía, las luces se desvanecían y ella dormía por siempre.


publicado originalmente en Genteloca: 07:38 pm @ 2005-05-20

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