Don't Panic

Es viernes, lo sé. Para este sitio suelo escribir (y luego publicar) los lunes. Esta vez, sin embargo, no pude esperar. Resulta que decidí abandonar Facebook: algo momentáneo, algún día volveré.

Por ahora, me dije, la pausa será hasta agosto, el mes de las vacaciones. Supongo que ese tiempo que pasaba navegando en la red social lo utilizaré en este blog. De todas formas, uno nunca puede estar seguro de lo que hará o dejará de hacer.

*

Esta vez, además, tengo ganas de dejar una canción: Someday We'll Know de los New Radicals. Hace mucho tiempo no escuchaba esa canción. Hoy fue la primera vez que le presté atención a la letra. No puedo decir que me gustó, porque tiene dos estribillos que para mí son incompatibles. Uno termina diciendo: Algún día sabremos porque no fui para vos; el otro: Algún día sabrás que yo era el indicado (the one) para vos.

El primero, a pesar de lo pesimista del mensaje: no hemos terminado juntos, casados y comiendo perdices; me parece optimista, en este sentido: algún día sabremos por qué no debimos estar juntos, sabremos que pudimos ser felices, no nos rebajaremos a seguir anhelando una dicha que no fue.

El segundo, en cambio, me parece revanchista y, por eso mismo, pesimista. En un futuro, seremos viejos y cada uno tendrá su vida armada. Entonces, vos, te darás cuenta de que en el pasado has cometido el peor de los errores, no me elegiste a mí. No elegiste al indicado. Ahora ambos somos desdichados.

*

El tema tiene otra parte que me interesa: algún día sabremos por qué Sansón amó a Dalila. Es decir, algún día sabremos por qué el hombre se somete a esa doble traición. La primera es una traición cometida por Sansón hacia su Dios, su pueblo y la Ley sagrada: amar a Dalila que es una Filistea. La segunda es una "sufrida" por él: amar a la persona que lo entrega a sus enemigos. En definivas, algún día sabremos por qué el hombre se arropa en el sometimiento que supone ser un ser amante.

Que me interese, no quiere decir que lo comparta. Sólo me permito pensar lo que la canción implica en su letra. O lo que yo puedo pensar que la canción implica hoy, un viernes 25 de mayo de 2012.


*

Don't Panic.
A confesión de parte...

Sé que hoy tendría que publicar la entrada sobre la que todos mis lectores discutirán a lo largo de la semana, pero la verdad es que estoy algo retrasado con mis tareas para la facultad: tengo muchas lecturas pendientes y todavía tengo que ejercitar mi latín. Entonces, este fin de semana me la pasé escuchando música, mirando películas y leyendo cosas que no debía leer.

¿Puedo serte sincero, fiel lector? Ya le perdí el gusto a esto de escribir para publicar. Puedo pensar que hay muchas razones por las que eso sucedió, pero el más sincero es este: ya no tengo las mismas motivaciones que al comienzo. En el primer post quería contar, luego quise imitarme, ahora sólo me gustaría seguir. Inercia, que le dicen.

Hay otro motivo, hace unas semanas abandoné a mi lectora implícita. Ella además de ser, de algún modo, la destinataria de los textos, era quien los corregía. Pero un día me dije: no debería molestarla con "esto". Y cuando uno refiere a su texto con un pronombre es porque no le gustó lo escrito. Desde hace unas semanas, entonces, desde que dejé de pensar en ella como destinataria -sólo para obligarme a no pasarselo- la cosa se me tornó más complicada. Sin saber a quién uno se dirige, tampoco sabe muy bien qué decir ni cómo hacerlo.

El Qué. Dicen que sólo hay dos cosas indispensables para la escritura: tener algo que decir y decirlo. Eso que parece tan sencillo, siempre me costó. Aún así, debo suponer que la vida me irá dando nuevas anécdotas para contar y que sabré identificar cuáles pueden ser escritas y cuáles no. Hoy, no ha sucedido nada. Y, aunque algún episodio del día podría ser contado, tampoco le pondré muchas ganas. Acá al lado, a diez centímetros del teclado, me espera el último capítulo de una novela que quiero terminar de leer. Sinceramente, siempre me importó más leer que escribir.

El Cómo. Hasta ahora siempre vine imitando mi primer entrada. No veo nada de malo en eso. Tampoco le veo nada bueno. Sólo le veo el sentido práctico: ya estoy acostumbrado a hacerlo así.

Como verán, salvo que ustedes no vuelvan, esto no es una despedida, sino, más bien, a penas una confesión de parte: hoy no tengo nada que decir y tampoco tengo la intención de imitar al joven que publicó la primer entrada, que eligió una forma de presentación del discurso dividad en cinco partes.

Sé que hay personas más constantes. Si ustedes son lectores constantes, busquen escritores constantes. Yo me ofrezco así: interrumpido y fragmentario. Si les gusta, quizás sigamos compartiendo este algo que con el tiempo fuimos creando.

Saludos,


hasta algún lunes*.

Nota al pie:

* Seguramente no dejo pasar una semana, incluso para quejarme de lo poco que estoy escribiendo o de que nunca terminé el capítulo de la novela o para hacerles saber de mis otros blogs para los que sí escribo.

Letras de canciones

1

Es lunes por primera vez en la semana. Pienso que antes me era más sencillo y grato esto de escribir. A los quince años, creo, empecé a garabatear algunas cosas. Por aquel entonces yo estaba empecinado en aprender inglés traduciendo canciones y, por un diccionario de Clarín, había descubierto que las letras de Radiohead me gustaban mucho. Como los de ahora, mis primeros textos fueron, a fuerza de transcripción, epigonales: un devoto plagio.

Este fin de semana me sentí cerca de ese muchacho que fui, de la mano de un amigo volví a escuchar un tema que ya no recordaba: Thinking about you del disco Pablo Honey. Irremediablemente entré al mundo Radiohead por ese disco, pero por otro tema: Creep. Esas dos canciones eran como himnos frente a lo que me pasaba con una de las tantas chicas a las que admiré. En este caso, ella escribía y a mí me encantaban sus textos. Recuerdo que le brotaban los adjetivos y que los asentaba en el lugar preciso. Para mí esas cosas que contaba y la manera en que lo hacía la tornaban especial. Y del otro lado yo me sentía creep (funesto) y weirdo (bicho raro).

2

En uno de los tantos baúles que hay en casa tengo alguno de mis papeles. Impresiones de todo tipo: dibujos realizados en el paint, fotos en blanco y negro con frases de canciones, tablaturas de todo tipo —anyone can play the guitar— y, finalmente, una carpeta con esos noveles textos. Mi juvenilia.

Ahí comprobé, satisfactoriamente, que no sólo había copiado las letras de  Radiohead. Por aquel entonces leía muy poca poesía —lo sigo haciendo, la poesía me parece un lenguaje al que no puedo acceder— y las letras de canciones suplían esas lecturas. Andrés Giménez y Martin Gore eran mis poetas predilectos. El primero por el ritmo que tenían algunas de sus letras, con él comprendí que hay cosas que nacen para ser cantadas cuando aún no conocía la palabra cadencia. Recuerdo que había escrito un poema que decía así:

Dentro de mí, dentro de mi ser,
encontraré algo en qué creer:
Una razón para no ceder,
para luchar.

El poema seguía, pero mi memoria no lo retiene y tampoco estaba en el baúl. Pero sé que lo publiqué en la antigua página a la que solía entrar. (El ritmo es el de Revolución).

3

Con el tiempo entendí que pretenderse un bicho raro era otra manera —quizás negativa, y muchas veces elitista— de sentirse especial. Por suerte también aprendí a no sentirme especial. Así dejé de pensar que era un bicho raro.

Por otra parte, tampoco nunca me gustaron las dádivas, así que también supe alejarme de ciertos lugares. Supe mudarme. Cruzar de vereda. Seguir letras.

4

Gore es otro al que siempre imité. En su momento me gustaban sus canciones porque eran políticas y bailables: Tora! Tora! Tora!; Master and Servant; People are people. Pero también sus temas de corte más intimista. Recuerdo que en una época me la pasaba escuchando Somebody.

De alguna manera quería escribir como él, pero como sabía que incluso el mejor de mis esfuerzos quedaba muy por debajo de mis expectativas, decidí publicar las pocas cosas que me agradaban bajo un seudónimo y luego varios. 

Los himnos personales van cambiando. En una época fue Insight. Más tarde, actualmente, Suffer Well y su estribillo bailable.   

5

Ahora son las tres de la mañana, la gente duerme. Pablo Honey se repite: You, How do you? I Can’t (stop) Thinking about you, Ripcord.

Termino acá, maldigo mi educación. No puedo encontrar las palabras para decir las cosas atrapadas en mi mente. (Oasis)
Escribir

1

Me está costando mucho escribir. Así que la semana pasada me dije: es feriado, date el día. Escribir, leer, corregir son mis únicas actividades. Por estudio o por placer, siempre estoy haciendo eso. A veces se goza, a veces no.

Hoy, por ejemplo, no tengo ganas de escribir. Tengo que realizar otros trabajos y ponerme a practicar latín. Pero no quiero dejar de ejercitar esta práctica, no quiero dejar de ser regular. Ya me lo había prometido: todos los lunes una entrega. Y no voy a dejar de cumplir, a menos que caiga un feriado. Eso sí, esta vez no hay nada que contar. Por lo que quizás todo termine en un mix sin sentido.

2

Ayer encontré una novela de Alejandro Zambra que, por no saber buscar o por que no tuve tiempo, no pude comprar la vez que fui a la Feria del Libro. De Zambra, hasta ahora, he leído todo: menos sus ensayos. Zambra es un joven escritor chileno -cuando se es escritor la juventud se extiende hasta los cincuenta. Zambra, Zambra, Zambra. He escrito muchas veces su nombre.

Formas de volver a casa es la novela que encontré y leí. Tardé mucho en leerla, porque me impuse un método de distracciones -leer otras cosas, mirar videos, hablar con gente con la que ya no me hablo, tomar café, parir un blog- para que no se me termine la novela. Así, leí 98 páginas en casi 12 horas. Lamentablemente, nada dura para siempre.

Bonsái, La vida privada de los árboles, Formas de volver a casa. Algún día escribiré sobre Zambra, ahora escribo sobre lo que me pasa con él. 

3

Siento que yo podría ser un muchacho chileno que estudia en Santiago y por medio de Zambra descubro a Borges, a Macedonio, a Hebe Ubart. Pero no, nací de este lado de la cordillera y por medio de Zambra descubro las cosas que me son naturales de tanto vivirla.

Hay algo que me atrae de cierta narrativa chilena. No puedo decir que me guste Edwards o Allende -Edwards me aburre, Allende no; pero de ella gustar, lo que se dice gustar, sólo Mi país inventado-, pero sí me gustan mucho Alberto Fuguet y este ya tan mencionado Zambra. Yo supongo que de alguna manera me siento identificado con ellos: Fuguet y su Las películas de mi vida me hizo tener un blog en el que empecé a hablar de las películas que veía y también me reconcilió con el cine. Cuando lo combiné con Zambra salió este blog.

Fuguet y Zambra no tienen nada que ver.

4

Ayer mientras leía la novela de Zambra lo hacía en voz alta -otra forma de detener la lectura- y me escuchaba intentando una tonada chilena, imitando al protagonista de Te creís muy linda, pero erís muy puta. Y cuando pensé en lo que hice durante todo el día, se me vino la imagen del protagonista de Velódromo: sentado frente al monitor de la computadora, tomando cafè, leyendo cosas en internet -incluso en inglés para demorar más la lectura. Solo, aislado. Más aislado que solo. Alguna vez voy a escribir sobre eso: mi gran familia y mi aislamiento.

Pero ahora estoy escribiendo sobre mi día chileno. O al menos, ahora que estoy pensando en todo lo que escribí más arriba, eso creo. ¿Debo cambiar la introducción? No, he dicho que hoy no sé qué escribir, así que voy a dejar salir lo que salga. 

5

El viernes había terminado de leer otra novela, La anunciación, pero de una argentina: María Negroni. Ella es poeta, como Zambra, y escribió una novela sobre la dictadura, como Zambra. Creo que desde la novela Amalia de Mármol -otro ciego director de la Biblioteca Nacional, como Groussac, como Borges- todas las generaciones latinoamericanas, lamentablemente, han tenido una dictadura sobre la que escribir. Mármol también era poeta.

No sé por qué se me dio por asociar eso, escribir eso, redactar esta explicitación. Hoy no estoy escribiendo, estoy apenas plasmando lo primero que se me viene a la cabeza. Y eso no me gusta. Prometo que la próxima semana vuelvo a escribir algo, pero por ahora dejo esto como muestra de lo mucho que me está costando escribir.

Supongo que el mejor remedio es la práctica. Los periodistas escriben todos los días y también a ellos les cuesta, pero escriben. Habrá que aprender de ellos, como el protagonista de Tinta roja.