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Letras inconscientes


1

Debí haberme enamorado de la hermana. Pero por entonces yo buscaba lo excéntrico y ella, que entrenaba en un circo -practicaba acrobacias en tela-, se decía bersuitera y vestía pijamas, era la excentricidad en persona.

Su hermana tenía mi edad. Íbamos juntos al colegio y nos habíamos hecho conocidos en el último año, cuando unieron las dos comisiones de Economía. Recuerdo que le gustaba escuchar Pink Floyd, tocar la guitarra y leer. También que alguna vez me había comentado que le preocupaba usar sandalias porque tenía “un dedo mutante”. Yo no lo había notado hasta que me lo señaló, el dedo medio del pie derecho era un centímetro más largo. “Parece que hago fuck you con el pie”.

A uno de mis compañeros le gustaba y fue por él que la conocí. Al poco tiempo pegamos buena onda, intercambiábamos libros, pero más que nada opiniones. “Tal autor es genial porque critica el sistema capitalista y la opresión discursiva de la escolaridad”, “esa novela nicaragüense narra la lucha de los pueblos aborígenes y cómo su legado aún continúa corriendo por las venas de todos aquellos que se oponen a los regimenes dictatoriales”.

Por entonces tratábamos de convencernos de que éramos buenos lectores, pero lo cierto es que nuestras opiniones no decían mucho más que lo señalado en las contratapas de los libros o en alguna reseña leída en los diarios.

2

“Las obsesiones de un amante despechado nunca pueden fallar”. El personaje que interpreta Sergio Hendler en Graduados dijo eso -ya casi no miro novelas, pero como mi casa no es grande y está poblada de televisores siempre termino escuchándolas. Se refería a las canciones y lo que él creía que podía ser un hit.

Recuerdo que en infancia el tema Nothing Compares 2 U de Sinéad O'Connor estaba de moda. Todas las radios la pasaban, también el incipiente MTV. Por entonces sabía muy poco inglés y sólo alcanzaba a entender el estribillo: “Nada se compara a ti”. Ella lo canta muy bien y en el video llora. Uno se enamora al verla. Por entonces me preguntaba ¿quién habría sido el que la había hecho llorar?

Una de mis hermanas me comentó que el tema se lo había dedicado a su novio quien había muerto en un accidente. A eso, según ella, se refería la frase: “Hace siete horas y quince días desde que te llevaste tu amor”. A mí, sinceramente, me conmovió mucho saber eso.

Para escribir esto volví a escuchar el tema. Entonces descubrí una frase: “Todas las flores que plantaste en el fondo del jardín, madre, han muerto”. Y el sentido cambió totalmente.

3

Con ella fui a uno de mis primeros recitales. Una tarde me invitó a su casa y de ahí salimos a ver una banda under. Fuimos con el hermano y unos amigos. Por entonces solía tomar demasiado. Y esa noche no fue la excepción.

Llegamos al lugar un rato antes y me dijeron que fuera a comprar una cerveza. Fui al almacén que quedaba y el que atendía me dijo que a esa hora no venía. El hermano de la chica de quien debí enamorarme me dijo: “te vieron cara de pibe”. Se levantó, fue al almacén y volvió con dos cervezas.

Entramos. Como suele suceder, había pocas personas. De a poco se fue llenando, quizás se llegó a las 40 personas. Las bandas sonaban terriblemente mal, pero con los chicos pogueabamos para animar la fiesta. Yo también lo hacía para sentirme más grande y más fuerte. También tomaba por la misma razón.

Esa noche la terminamos en una panchería, la chica de quien debí enamorarme, el hermano, dos amigos de él y yo. Charlamos, nos cagamos de risa y, como era costumbre de la época, nos pasamos los fotologs.

4

“Cuenta la historia de un mago que un día en su bosque encantado lloró. Porque a pesar de su magia no había podido encontrar el amor”. Rata blanca es una de las bandas emblemas del metal argentino. Pelo largo, cuero y punteos de puta madre. Su público es recio. Tanto que se dan el lujo de cantar un tema que cuenta la relación amorosa de un hada y mago y poner cara de tipos malos, rígidos, duros.

En sus recitales nunca falta el pogo. Una persona que muchas veces extraño, un referente en mi vida, alguna vez me dijo que en Inglaterra la gente que se metía en los pogos buscaba salir lastimada, cuanto más lastimada mejor. Pero que en realidad el pogo no es violento. Después, cuando me pasó el Poder Latino, el primer disco de A.N.I.M.A.L. que escuché, entendí a qué se refería.

Con el tiempo y las pequeñas nociones de inglés que fui adquiriendo, noté que el metal en inglés también está plagado de canciones de amor y letras cursis. Ahora, por ejemplo, se me viene a la mente Tallullah de Sonata Ártica. Una parte de la letra dice: “Te vi caminando de la mano con el baterista de la banda. Estás enamorada de él o al menos lo parece, él está bailando con mi princesa”.

En una época me fanaticé con la música en alemán y traté de aprenderlo. Entonces también supe que, aunque el sonido fuese muy gutural y oscuro, muchas de las letras no tienen nada que envidiarle al “Solo aquí” de Airbag. Por ejemplo, Der morgen Danach de Lacrimosa comienza así: “Te necesito, necesito tu luz, para escapar de las sombras. No me ves, no me conoces, pero te amo desde lejos”.

Con el tiempo uno aprende que el metal no habla de cosas muy distintas a las que canta Cristian Castro. Así, una canción de metal puede hablar de un hada y un mago, como podría hablar de un astronauta y una bruja.

5

Con esa referencia bersuitera, vuelvo a la chica del comienzo. No a la hermana, sino a aquella de la que finalmente no debí enamorarme.

Recuerdo que la primera vez que fui a su casa no sabía de su existencia. Pero cuando abrió la puerta y me recibió en pijamas y con el pelo revuelto me enamoré. Me presenté y casi de mala gana, me dijo “está en su pieza, tocando la guitarra, pasá”.

Más tarde me enteré que era la hermana menor, que no la conocía porque estudiaba en un privado y que era fanática de la Bersuit. Con el tiempo y gracias a Hijos del culo entendí por qué.

La chica de quien no me enamoré, tocaba la guitarra y era fanática de The Doors, entre otras bandas. Hace poco me enteré de que terminó estudiando filosofía, de que ya es profesora y de que está felizmente soltera. Después de terminar el colegio no la volví a ver.

La otra, la chica de la que finalmente sí me enamoré, ya no escucha Bersuit, trabaja en un supermercado y está felizmente de novia. He visto fotos de ella y su felicidad. He visto fotos con su traje de cajera de Jumbo. He visto que esa linda muchacha que conocí se transformó en una mujer hermosa.

En diciembre cumple años. Yo siempre lo recordé. El año pasado no fue la excepción. Pero lo que no había hecho antes fue escribirle. No sé por qué razón, esta vez tuve la necesidad de hacerlo. De alguna manera ahora lo tomo como una forma de cerrar el ciclo, pero también pudo haber sido un sencillo y torpe acto.

Lo cierto es que hay personas que quiéralo uno o no, nos marcan. Hay letras que terminamos dibujando de manera inconsciente. Hay palabras que descubrimos por ellas y continúan arrastrando su memoria. Y se sangran las rodillas al toparse con su ausencia.

¿Yo debí enamorarme de su hermana? Tal vez, sólo para no dedicarle estas palabras que acrecientan su recuerdo. Y su ausencia.


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